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HISTORIA DE LA CERAMICA
   
 
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Cerámica
1 INTRODUCCIÓN
Cerámica, vasijas y otros objetos hechos de arcilla endurecida por cocimiento en horno. La naturaleza y el tipo de la cerámica están determinados por la composición de la arcilla, el método de su preparación, la temperatura a la que se ha cocido y los barnices que se han utilizado. Se distingue de la porcelana por ser porosa y opaca. Como se cuece a temperatura más baja que ésta no llega a vitrificar. El término alfarería se suele emplear para designar a la cerámica primitiva o de carácter popular, generalmente de uso doméstico.
2 TIPOS, PROCEDIMIENTOS Y TÉCNICAS
La loza es una cerámica porosa cocida por lo general a la temperatura más baja del horno (900-1.200 ºC). En función de la clase de arcilla utilizada, al cocerse adquiere color amarillo, rojo, pardo o negro. Es preciso barnizarla para hacerla resistente al agua. Casi toda la cerámica pintada de la antigüedad y del medievo, tanto la de Oriente Próximo como la europea, es de tipo loza, como la mayoría de las vajillas de uso doméstico actuales. El gres, resistente al agua y mucho más duradero, se consigue cociendo la arcilla a una temperatura de 1.200-1.280 ºC. Adquiere así un color blanco, amarillo, gris o rojo y se barniza sólo por motivos estéticos. La cerámica cocida a unos 1.200 ºC a veces recibe el nombre de cerámica de media cocción; su tratamiento como loza o gres varía de una arcilla a otra. El gres, que los chinos elaboraban ya en la antigüedad, no se conoció en Europa hasta después del renacimiento.
2.1 Preparación y manejo de la arcilla
El ceramista puede eliminar algunas de las impurezas propias de las arcillas secundarias o mezclarlas en diversas proporciones para lograr efectos diferentes. Cierta cantidad de impurezas en la arcilla ayuda a que la vasija mantenga su forma durante la cocción y los ceramistas que utilizan arcilla de grano fino suelen ‘atemperarla’ añadiendo materiales burdos como arena, piedra pulverizada, conchas molidas o grog (arcilla cocida y pulverizada) antes de trabajarla. La plasticidad de la arcilla permite utilizar diferentes métodos para darle forma. Se puede aplastar y moldearla después presionando contra la parte interna o externa de un molde de piedra, mimbre, arcilla o escayola. La arcilla líquida puede verterse en moldes de este material. Un recipiente puede formarse con rollos de arcilla: se amasa la arcilla con las palmas de las manos y se extiende formando rollos largos, a los que luego se da forma de anillo. Superponiendo varios anillos se va formando el recipiente. También puede tomarse una bola de arcilla y presionarla con los dedos hasta darle la forma deseada. La técnica más compleja es la de moldearla en el torno de alfarero.
El torno, inventado hacia el año 4000 a.C., consiste en un disco plano que gira de forma horizontal sobre un pivote. Con las dos manos —una en la parte externa y la otra en el interior— se va dando forma a una bola de arcilla colocada en el centro de la rueda giratoria. Algunas ruedas se mueven gracias a una varilla que encaja en una muesca de la rueda, que normalmente mueve un ayudante. Es el método llamado ‘de torno movido a mano’ y el clásico entre los ceramistas japoneses. En Europa en el siglo XVI se añadió un accesorio que, colocado en un marco, permitía al ceramista controlar la rueda con el pie. En el siglo XIX se añadió una barra o pedal y en el siglo XX la rueda eléctrica de velocidad variable ha permitido regular la velocidad de rotación.
2.2 Secado y horneado
Para que la arcilla no se rompa al cocerla, primero debe dejarse secar al aire. Si está bien seca, es porosa y relativamente blanda, puede cocerse directamente en un horno abierto a una temperatura de 650-750 ºC; este es el modo en que se cocía la cerámica primitiva. Los primeros hornos se utilizaron hacia el año 6000 a.C. Tanto los hornos de madera como más tarde los de carbón, gas y electricidad requieren un control muy riguroso para lograr el efecto deseado en la obtención de loza o gres, pues pueden conseguirse efectos diferentes por aumento de la cantidad de oxígeno en la combustión (con la adecuada ventilación para producir grandes llamas) o reduciendo el oxígeno con la obstrucción parcial de la entrada de aire en el horno. Una arcilla rica en hierro, por ejemplo, se volverá de color rojo si se cuece con un fuego rico en oxígeno, mientras que en un horno pobre en oxígeno se volverá de color gris o negro, pues el óxido rojo de hierro de la arcilla (FeO2, o bien Fe2O4) se convierte en óxido negro de hierro (Fe2O3) al desprenderse la arcilla de una molécula de oxígeno para compensar la falta de éste en el horno.
2.3 Decoración
La decoración de los objetos puede efectuarse antes o después de su cocción. Cuando la arcilla está seca a medias y un poco endurecida (consistencia de cuero) pueden incrustarse trocitos de arcilla o pueden hacerse incisiones, estampaciones o líneas y otros motivos, o bien puede tallarse o perforarse. Las paredes de cada objeto pueden adquirir un acabado uniforme puliéndolos de modo que las impurezas no sobresalgan y las partículas de arcilla se alineen para que la superficie también quede brillante y suave. Algunas arcillas se pueden pulir tras la cocción. Puede utilizarse también barbotina (arcilla líquida libre de impurezas). Una vez seco del todo o a medias, el recipiente puede sumergirse en una barbotina de consistencia cremosa (a la que a veces se añade color) o puede aplicarse ésta con un pincel o verterla por encima con ayuda de un recipiente o una jeringuilla. También se puede decorar con algún utensilio con punta, rascando la barbotina y dejando al descubierto la capa interior.
2.4 Vidriado
A lo largo de la historia la cerámica vidriada ha sido menos habitual que la no vidriada. Esta técnica consiste básicamente en aplicar minerales que vitrifican (sílice o boro) combinados con elementos endurecedores (como la arcilla y los fundentes) y agentes mezcladores (como el plomo y la sosa). El barniz puede aplicarse a un recipiente antes de la cocción o tras la cocción en el grado biscuit, en el que una vez aplicado el barniz, se vuelve a cocer la pieza. Los ingredientes que forman el barniz deben mezclarse y adquirir un estado vítreo a una temperatura compatible con la que necesita la arcilla. Pueden utilizarse muchos tipos diferentes de barnices. Algunos realzan el color de la pasta, otros lo enmascaran. Los barnices alcalinos, muy utilizados en Oriente Próximo, eran brillantes y, a menudo, transparentes. Tenían una composición a base de sílice (como la arena) y una sal de sodio. Los barnices de plomo son transparentes y tradicionalmente se hacían con arena mezclada con sulfuro u óxido de plomo. Fueron utilizados por los ceramistas romanos, chinos y europeos del medievo y se siguen usando en la loza europea. Los barnices al estaño, opacos y blancos, fueron introducidos en Europa por los ceramistas árabes y se utilizaron en la cerámica vidriada española, en la mayólica italiana, en la loza fina europea y en la cerámica de Delft, ciudad holandesa que en el siglo XVII era el centro de la loza estannífera de calidad. Con el paso del tiempo, chinos y japoneses los emplearían para los objetos destinados al mercado europeo.
Los óxidos metálicos dan color a los barnices. El cobre hace que el barniz de plomo adquiera un tono verde, y el barniz alcalino un tono turquesa; un fuego bajo hace que el cobre se torne rojo. El hierro puede dar tonalidad amarilla, parda, gris verdoso, azul y, mezclado con otros minerales, rojo. Los feldespatos (minerales, silicato de sodio, potasio, calcio o bario que forman parte de muchas rocas) se utilizan para barnizar gres y porcelana, pues funden a temperatura elevada. Los efectos específicos de cada barniz sobre la pasta de arcilla dependen tanto de su composición como del control del horno.
2.5 Decoración bajo y sobre cubierta
La cerámica puede pintarse antes o después de su cocción. En el neolítico se utilizaban ocres y otros pigmentos de tierra en los objetos sin barnizar. Los óxidos de metal que se usaban mezclados con el barniz o debajo de éste requerían temperaturas más elevadas para su fijación. Podían obtenerse el verde del cobre, el azul del cobalto, el púrpura del manganeso y el amarillo del antimonio. Si se utilizan esmaltes (pigmentos de grano fino que se aplican sobre un barniz ya cocido) el recipiente debe cocerse otra vez en un horno tapado y con llama indirecta, a baja temperatura para que fundan el esmalte y el barniz. La decoración calcada (que consiste en grabar con óxido sobre un papel y cuando aún está húmedo calcarlo en el recipiente, dejando que el papel se queme en el horno) se utiliza a menudo en la cerámica manufacturada de uso comercial. En el siglo XVIII se grababa la plantilla de calco a mano, pero en la actualidad se utilizan la litografía y la fotografía.
Los ceramistas chinos firmaron sus piezas a partir del siglo XV y los europeos a partir del siglo XVIII. Los ceramistas y pintores griegos firmaban sus obras al igual que algunos artesanos árabes y la mayoría de los artistas que han hecho cerámica en el siglo XX.
3 ASIA ORIENTAL
Los principales centros de cerámica en Asia oriental se encuentran en China, Corea y Japón.
3.1 China
Durante el neolítico la cerámica china se hacía con rollos de arcilla, golpeando después las láminas con una paleta; a finales de ese periodo (II milenio a.C.) las vasijas se hacían en un principio a mano y después se les daba un acabado en el torno. En Gansu, al noroeste de China, durante el periodo Pan-Shang, se hacían vasijas con una arcilla de textura muy fina que se cocía hasta alcanzar un color pardo rojizo o amarillento y se pintaban con pigmentos minerales aplicados con pincel, haciendo dibujos de trazo grueso con forma de espirales. Estas piezas pueden datarse en el año 2600 a.C., época en la que los hornos eran de tiro sencillo. El fuego se encendía bajo las piezas y unos agujeros de ventilación en el suelo provocaban que las llamas y el calor subieran. La cerámica de Longshang, en las llanuras centrales, se hacía con el torno. Entre las diversas formas de los recipientes chinos del neolítico hay vasijas de tres pies, aguamaniles, urnas, tazas, ánforas y copas altas.
3.1.1 Periodo Shang
Las formas prototípicas del neolítico fueron la base para las vasijas de bronce del periodo Shang (c. 1766-1122 a.C.), del cual se han hallado moldes de arcilla de gran calidad utilizados para el vaciado de bronce. La cerámica Shang era principalmente de cuatro tipos, la mayoría de los cuales se realizaba en la capital, Ngan-yang, en la actual provincia de Hunan. El primer tipo era continuación de la tradición neolítica, de orden funcional, en arcilla tosca gris, con decoración de cuerda impresa o con motivos geométricos incisos; el segundo consistía en una imitación en gris oscuro de las vasijas de bronce; el tercero lo formaba la cerámica blanca con una fina decoración que imitaba los diseños del bronce, y el último lo constituía el gres vidriado.
3.1.2 Del periodo Zhou a las Seis Dinastías
Todos los tipos de cerámica del periodo Shang, excepto la blanca, continuaron realizándose en el periodo Zhou (c. 1122-221 a.C.). La loza roja tosca con barniz de plomo se empezó a hacer en la época de los Reinos Combatientes (403-221 a.C.) y también imitaba al bronce. En el sur se hacía gres con un barniz pardo pálido y con formas sofisticadas.
El descubrimiento en 1974 del ejército de terracota de Qin Shi Huangdi, primer emperador de la dinastía Ch'in (221-206 a.C.), que forman un conjunto de más de 6.000 soldados y caballos de tamaño natural enterrados en formación militar, ha aportado nuevas dimensiones al conocimiento del arte de los antiguos ceramistas chinos. Estos hermosos retratos idealizados, con detalles diferentes en sus ropajes, fueron realizados con tosca arcilla gris. Las cabezas y las manos, cocidas por separado a las altas temperaturas propias de la loza, se colocaron en los cuerpos una vez realizados éstos y después se pintaron con pigmentos minerales brillantes (procedimiento llamado decoración en frío), que en su mayoría se han ido desprendiendo.
En la dinastía Han (206 a.C.-220 d.C.) se siguieron haciendo figuras funerarias y objetos decorados con moldeado y pintura, entre los que hay casas, figuras humanas e incluso hornillos. Los ladrillos a veces se decoraban con escenas cotidianas de personas y animales. También se fabricaba gres de color gris con grueso barniz verde y loza rojiza.
Durante la época de las Seis Dinastías (220-581 d.C.) empezó a aparecer el gres celadón, precursor de la porcelana del mismo nombre. (Los celadones son barnices transparentes con pigmentos de hierro, cocidos en horno de reducción que producen tonalidades gris suave, azul o verde pálidos o pardo oliváceo.) Se denominaba cerámica yue (verde) y no tenía tanta influencia de los objetos de bronce como la cerámica anterior. Las jarras, los aguamaniles y los platos se fueron haciendo más delicados de línea y de contorno más clásico y algunos se ornamentaron con incisiones o moldeados sencillos.
3.1.3 De la dinastía Tang a la dinastía Song
Durante la dinastía Tang (618-907 d.C.) se siguieron realizando figuras funerarias y gres, que muestran en su estilo influencias de Asia central. Los cuencos y barreños con decoración tallada se exportaban a la India, al sureste de Asia y al imperio musulmán. Hay dos importantes tipos de cerámica que caracterizan este periodo: uno de ellos era la loza fina de color blanco, cubierta con barniz de plomo con tinte amarillo vivo o verde y, frecuentemente, con motivos moteados; el otro, la innovación más significativa de los alfareros del periodo Tang, es la porcelana, de la que se hacían delicados cuencos delgados y vasos con barnices claros, azulados o verdosos.
La porcelana se hizo aún más refinada durante la dinastía Song (960-1279), época en la que florecieron todas las artes y momento cumbre de la cerámica china (ver Porcelana: Porcelana oriental).
3.2 Corea
La cerámica y la porcelana chinas ejercieron una gran influencia en Corea, pero los alfareros de este país introdujeron sutiles variaciones en los modelos. Los objetos de gres hallados en algunas tumbas son típicos de la dinastía Silla (57 a.C.-935 d.C.). Los celadones de influencia Song caracterizan la cerámica de la dinastía Koryo (918-1392) y las obras posteriores, aunque menos refinadas, son de admirar por su evidente dignidad. Los coreanos fueron quienes introdujeron tanto su cerámica como la china en Japón.
3.3 Japón
Las primeras cerámicas neolíticas, las del periodo Jomon (c. 10000-c. 300 a.C.), están hechas a mano, normalmente por el método de superposición de anillos cilíndricos, decorados por impresión de cuerdas y esteras, y cocidas en horno abierto a baja temperatura. Tienen color rojizo o una gama que va del gris al negro. Algunas figurillas de culto y algunas vasijas de tipo utilitario están muy pulidas o cubiertas con óxido de hierro rojo. En todo Japón se ha encontrado cerámica del periodo Yayoi (c. 300 a.C.-300 d.C.), realizada por mongoles llegados de Corea a Kyūshū. Los Yayoi utilizaban el torno para fabricar loza amarilla o pardo claro, cuya superficie pulida a veces se pintaba de rojo brillante.
En esa época se utilizaban en Japón básicamente los dos tipos de horno que se siguen usando hoy día. Uno es el horno en pendiente, de origen coreano, que se construye en la ladera de una montaña, tiene hasta veinte cámaras y su encendido puede llevar hasta dos semanas. El otro es el horno de tiro sencillo o de cuello de botella, en el que el fuego, hecho con leña en la boca de una zanja cubierta, cuece las vasijas que se hallan en una cámara de paredes circulares al otro extremo de la zanja; la parte superior está cubierta y no tiene más que un agujero por el que sale el humo.
Se ha hallado cerámica de la última época del periodo Kofun, o de los túmulos (c. 300-710 d.C.), en las enormes sepulturas de los emperadores japoneses. La llamada cerámica haji se parece a la Yayoi, pero la verdaderamente única es la haniwa, (cilindros de arcilla cocida clavados en la tierra), como las deliciosas figuras de loza rojiza sin barnizar que rodean las tumbas y que tienen forma de casas, barcas, animales, mujeres, cazadores, músicos y guerreros. Aunque la cerámica haniwa carece de la grandiosidad del ejército imperial Ch’in, tiene en compensación la gran vitalidad de lo rústico. Otro tipo de cerámica de este periodo es la Sue, en gres de color gris, cocida en un horno en pendiente y decorada con un barniz de ceniza natural que proviene de los restos de la madera utilizada como combustible que se va depositando sobre las vasijas durante la cocción. Este barniz, de origen coreano, acabó convirtiéndose en el barniz característico de las piezas japonesas que con posterioridad se hicieron en Tamba, Tokoname, Bizen y Shigaraki. Los objetos Sue —jarras, botellas, platos y tazas, algunos de ellos con figuras esculpidas— continuaron haciéndose en el periodo Asuka (593-710), en el que empezó a manifestarse la influencia cultural y religiosa china.
3.3.1 Del periodo Nara al Kamakura
En el periodo Nara (710-794), primer periodo histórico japonés, la profunda influencia de la dinastía china Tang se evidencia en la producción de cerámica cocida a altas temperaturas. Algunos objetos llevan un vitrificado monocromático en verde o pardo amarillento; hay otros vitrificados en dos colores, verde y blanco, y unos pocos con un vitrificado tricolor sobre un tosco cuerpo grisáceo basto. Los motivos del vitrificado eran veteados y punteados, no tan refinados como la cerámica Tang. La mayoría de estas obras se conservan en el shosoin, tesoro imperial, en Nara.
A comienzos del periodo Heian (794-1185) se desarrolló aún más el barniz de ceniza natural y se introdujo el celadón. Más tarde, y debido a la ruptura de relaciones con China a finales del periodo Heian, la calidad de la cerámica decayó. Al restablecerse las relaciones con la China de la dinastía Song durante el periodo Kamakura (1185-1333), floreció la industria cerámica con centro en Seto, cerca de Nagoya. El kiseto o Seto amarillo —que continúa fabricándose hoy día— refleja la influencia de los célebres celadones de Song; sin embargo, la versión japonesa, al estar cocida en hornos con mayor oxigenación, presentaba tonalidades ámbar y amarilla en su vitrificado. En la época Fujiwara se realizó también una cerámica destinada al uso doméstico, la cerámica tokoname (piezas sin decorar de forma irregular), junto con otros tipos que mantienen el encanto primitivo.
3.3.2 Periodos Muromachi y Momoyama
Aunque los sogunes Ashikaga del periodo Muromachi (1333-1568) no favorecieron el arte de la cerámica, la tradicional ceremonia del té, que empezó a practicarse en aquel entonces por influencia china, fomentó la fabricación de las hermosas piezas utilizadas en ese complicado ritual. La ceremonia del té se extendió a la clase de los militares y a la de los comerciantes en el periodo Azuchi-Momoyama (1568-1600) y se elaboraron recipientes de gres y porcelana que reflejan el gusto, la elegancia y la sutil belleza de ese ritual. Cada pieza respondía a una función y un nombre específicos.
Una variedad de cuencos de té de gres que sigue siendo muy apreciada es la temmoku, relacionada con las piezas Chien de China, que presenta un grueso barniz pardo purpúreo. En los hornos de la localidad de Seto se producía una cerámica de tan alta calidad que las piezas fabricadas en otros hornos también adquirieron esta denominación. Aún más famosas eran las piezas raku, que todavía fabrican miembros de esa misma familia en su 14ª generación. Las piezas raku —juegos de té, otros objetos y baldosas— están hechas a mano y sus formas irregulares responden a una estética preestablecida de asimetría. Se aplican varias capas finas de barniz con pincel y la pieza se cuece a temperaturas bajas. Cuando el barniz se ha fundido, se extrae la pieza del horno con unas pinzas, se enfría rápidamente y entonces el barniz se resquebraja por el brusco cambio térmico. Las piezas raku son admiradas por todos los ceramistas del mundo por sus formas rugosas y sus delicados barnices oscuros de plomo que, a veces, caen formando gruesos goterones. También muy apreciadas son las piezas de Oribe para la ceremonia del té. Se caracterizan porque sus diseños están pintados con óxido de hierro pardo, inspirados en la decoración textil, y tienen manchas irregulares de barniz muy diluido de un verde transparente.
Otras piezas del periodo Azuchi-Momoyama son las Karatsu, influidas por la cerámica Yi coreana. En la e-Karatsu (pintura Karatsu) hay motivos geométricos, hierbas y glicinas pintados a mano alzada con óxido de hierro sobre barbotina de color blancuzco. La cerámica Karatsu cultivó también otros estilos con diferentes tipos de decoración. La de Bizen, que se sigue fabricando, alcanzó sus cotas más altas durante el periodo Momoyama. Es gres duro, básicamente de color rojo ladrillo, pero con cambios irregulares en la coloración debidos a la alternancia de la cantidad de oxígeno durante la cocción. No lleva más barniz que el que forma la ceniza o la paja que envuelve las piezas en el horno o la que va cayendo de la combustión de la madera.
3.3.3 Periodo Edo y posteriores
A comienzos del periodo Edo (1600-1868) se descubrió caolín cerca de Arita, en el norte de Kyūshū, que aún hoy sigue siendo un centro importante de cerámica. Este descubrimiento permitió a los ceramistas japoneses elaborar su propia porcelana blanca dura. La de Imari (llamada así por el puerto desde el que se exportaba) se hizo tan famosa en Europa en el siglo XVII que hasta los chinos la imitaron. Sus diseños de brillante colorido se inspiraban en las piezas laqueadas, los biombos y las telas. Hacia finales del periodo Edo (1800-1868) la de Imari sufrió un retroceso ante la porcelana Kariemon (de color caqui) que se hacía en Arita. Era mucho más refinada y de formas clásicas, aunque sus motivos eran similares. Ambas estaban esmaltadas sobre cubierta. Las piezas de Nabeshima, también de gran calidad y con diseños similares a los de las sedas, estaban restringidas a esa familia y sus amigos; no se empezaron a comercializar e imitar hasta la época Meiji (1868-1912). Los diseños se dibujaban primero en papel muy fino y después en líneas azules bajo cubierta; los colores esmaltados se añadían y fundían después del barniz. En la zona oriental de Japón, durante el periodo Edo, el centro de fabricación de porcelana fue Kutani. Sus vajillas eran grisáceas por las impurezas de la arcilla y sus diseños eran más toscos que los de Arita e Imari. Kioto, antiguo centro de cerámica esmaltada, se hizo famoso en el siglo XIX por sus porcelanas. En la época Edo había unos 10.000 hornos funcionando en Japón. Ver Porcelana: Porcelana oriental.
Los objetos domésticos de los alfareros populares, evaluados desde la estética contemporánea, son tan admirados y valorados como los que se exportaban en siglos anteriores. Aunque la cerámica Meiji introdujo influencias europeas, dentro de Japón se sigue apreciando la tradición popular. En el siglo XX los ceramistas de la vieja escuela siguen trabajando los mismos estilos que sus antepasados y con las mismas arcillas de la zona. El ceramista japonés más famoso del siglo XX es Hamada Shoji, importante no sólo por sus obras en cerámica, sino también por la influencia que ha ejercido en la recuperación de la artesanía popular. Hamada trabajó sobre todo el gres con barniz de hierro y ceniza, creando tonalidades verde oliva, gris, pardo y negro. No firmaba sus piezas cerámicas, aunque sí las de madera. En 1955 el gobierno japonés le nombró Tesoro Nacional Vivo.
4 AMÉRICA PRECOLOMBINA
La antigua cerámica americana —utilizada no sólo con fines domésticos, sino también rituales y funerarios— desarrolló unas formas y estilos refinados y muy particulares, totalmente independientes de los del viejo mundo y alcanzó un alto nivel artístico en su realización. Se fabricaban vasijas con le método de los rollos de arcilla, el modelado a mano y los moldes, y no conocían el torno de alfarero. Para la decoración pintada utilizaban barbotina coloreada con pigmentos minerales y vegetales.
4.1 América del Sur
Aunque en Ecuador se han encontrado vasijas que datan del 3200 a.C., fue en Perú donde surgieron los primeros estilos en cerámica. El estilo Chavín (900-200 a.C.), con sus motivos de jaguares, fue superado durante el periodo clásico (primer milenio d.C.) por la cerámica de la cultura mochica, que floreció en la costa septentrional y realizó una de las mejores cerámicas precolombinas, con vasos de color ocre realizados con moldes y pintados en rojo con escenas narrativas de gran vivacidad y jarras modeladas en forma de cabeza humana, con el vigor expresivo de retratos tomados del natural. Tanto los vasos como las jarras tienen la característica asa de estribo peruana, que consiste en un asa hueca con un pitorro vertical en el centro. En el sur, la cultura Nazca realizó jarras policromadas de doble pitorro con motivos animales estilizados y complejos. Los estilos policromados posteriores de los tiahuanacos y los incas estaban trabajados con maestría, pero eran menos deslumbrantes.
4.2 Mesoamérica
Las primeras cerámicas de uso doméstico mexicanas datan del periodo formativo o preclásico (1500-300 a.C.) en el valle de México. Del preclásico inferior (hasta el 1300 a.C.) aparecen ofrendas funerarias y figurillas modeladas con técnica de pastillaje. En el preclásico medio (1300-800 a.C.) se crean las llamadas mujeres bonitas, como las de Tlatilco, cuyos exagerados rasgos femeninos nos remiten a ritos agrícolas con ofrendas propiciatorias. En el occidente de México, la cerámica utilitaria, de barro pulimentado de color café o negro muestra formas estilizadas, mientras que en la ornamental destacan las decoraciones geométricas y los colores negro, crema y rojo. Se retratan escenas domésticas y personajes característicos que demuestran la diferenciación de las clases sociales. Las figurillas antropomorfas, que en un principio eran aplanadas, empiezan a ser huecas y adquieren mayores dimensiones hasta llegar a los retratos de Nayarit y los extraordinarios perros de Colima. La actitud sonriente de los gruesos personajes de Colima recuerda, por su fisonomía, la obra escultórica del británico Henry Moore. En la costa del Golfo la cultura olmeca realizó en el preclásico medio y superior, figurillas naturalistas huecas, como los niños llorones (cara de niño o baby face) que presentan deformación craneana, párpados hinchados, ojos rasgados, encías sin dientes y, en ocasiones, una especie de casco labrado. En la transición del preclásico superior al periodo clásico se afianza la cultura de Teotihuacán (200 a.C.-700 d.C.) en la meseta central. Allí se realizaron braseros de barro, máscaras con forma trapezoidal, vasijas trípodes con decoraciones al temple, bajorrelieves, cloisonné y champlevé. Destaca el uso de una arcilla llamada ‘naranja fina’, que es delgada y exige altas temperaturas en la cocción.
Las piezas mayas alcanzaron una variedad y calidad únicas en la cerámica mesoamericana. Durante la época clásica los mayas realizaron delicadas figurillas, vasos cilíndricos policromados con escenas y jeroglíficos similares a los de los códices y placas moldeadas o modeladas que tenían un silbato y estaban decoradas con escenas de la vida cotidiana. El periodo clásico maya está representado por las estatuillas de la isla de Jaina, en Campeche, en las que se aprecia el uso de moldes para las caras minuciosamente trabajadas. El cuerpo y los adornos, peinados, vestimentas y atributos de cada rango social retratado eran trabajados a mano, tanto por medio de incisiones como de pastillaje. Las obras de Jaina reflejan con gran realismo actitudes comunes en la sociedad maya, dentro de un cuidado exquisito de los detalles. Los zapotecas del periodo clásico, establecidos en Oaxaca, se distinguen por sus urnas funerarias, ricamente elaboradas, con sus figuras antropomorfas coronadas con altos tocados cargados de símbolos. Dentro del mismo horizonte clásico se consideran las figuritas sonrientes de las culturas del golfo de México. Obras cerámicas como las de Remojadas hacen patente que existía un dominio de la técnica que permitía al artista trabajar estatuas huecas de más de 1,3 m de altura en las que se plasmaban los gestos más detallados y los estados de ánimo más variados. Un detalle ineludible en las célebres ‘caritas sonrientes’ son la lengua entresacada y la inclinación de la cabeza ligeramente hacia arriba. Sobresale también la decoración con pintura roja y con chapopote (alquitrán). Entre las numerosas civilizaciones que florecieron en el periodo posclásico mesoamericano cabe mencionar las pipas de barro del pueblo tarasco o purépecha en Michoacán, las vasijas y cálices policromados de Cholula, en Puebla, y las jarras zoomorfas y antropomorfas de los huastecos del norte de Veracruz. En la culminación del mundo prehispánico mesoamericano, los aztecas dejaron obras en las que se refleja la rigidez de los cánones estéticos que imponía una cultura hegemónica. Sin embargo, el espíritu del ceramista consiguió plasmar en obras como los sahumerios, las vasijas ceremoniales o los retratos de las deidades domésticas, el espíritu indomable frente a la omnipresencia de la muerte. Calaveras en bajorrelieve o realzadas, corazones sangrantes, mezcla de poesía y mística guerrera, son las grandes constantes en la cerámica policromada de la civilización azteca. (Véase también Cerámica precolombina).
4.3 América del Norte
En el valle del Mississippi los constructores de túmulos del primer milenio a.C. realizaron objetos modelados a mano, pintados y decorados con incisiones. En el suroeste los antepasados de la cultura de los indios pueblo produjeron cerámica de gran calidad, en la que destacan las piezas decoradas en rojo sobre amarillo (c. 600-900 d.C.) de los hohokam, las policromadas de los anasazi (1300 en adelante), decoradas ambas con figuras humanas y de animales, así como la exquisita y característica cerámica de mimbre (1000-1200), con diseños geométricos negros sobre fondo blanco y pájaros, murciélagos, ranas y escenas ceremoniales.
5 LA CERÁMICA EN OCCIDENTE
La historia de la cerámica occidental incluye la del antiguo Oriente Próximo, la del Mediterráneo, la del mundo árabe medieval y la de la Europa medieval y moderna.
5.1 Antiguo Oriente Próximo
La cerámica de Oriente Próximo más antigua que conocemos es la de Çatal Höyük, en Anatolia, y data del 6500 a.C. Aparte de las estatuas religiosas de terracota y de las de arcilla pintada, entre los objetos de esta zona (cerca de la actual Çumra, Turquía) se cuentan piezas decoradas en ocre rojizo sobre fondo de barbotina color crema y cerámica monocromática de color amarillo, gris claro, crema o rojo ladrillo. Se hacían con cilindros de arcilla que más tarde se aplanaban con una paleta y se barnizaban. Algunas vasijas se decoraban con simples incisiones de líneas horizontales y se cocían en un horno de pan o en un horno cerrado con cámara separada para el fuego. Las demás cerámicas del neolítico del Oriente Próximo, principalmente la de Siria, presentan diseños impresos u ondas dibujadas, en muchos casos, con una concha.
5.1.1 Persia y Mesopotamia
La primera cerámica pintada del norte de Mesopotamia data de poco antes del quinto milenio a.C. En Samarra (en Irak) se pintaban estilizadas figuras de hombres y animales con colores que iban desde el rojo al pardo y al negro sobre un fondo amarillo. Poco después comenzó a hacerse cerámica policromada de mejor calidad en Tell Halaf, donde los alfareros habían realizado grandes progresos en el control de los hornos.
Alrededor de la misma época, los alfareros persas pintaban figuras geométricas sobre vasijas cubiertas por barbotina de color claro. En el cuarto milenio ya había comenzado a usarse el torno. Los pueblos del norte emigraron a Persia donde introdujeron la cerámica monocromática en rojo o gris. En el apogeo del periodo de El-Obeid (cuarto milenio a.C.) se producían cerca de Susa muchos vasos y cuencos de arcilla refinada. Estaban revestidos de una barbotina amarillo-verdosa y pintados con un estilo muy libre de formas geométricas, plantas, pájaros, animales y figuras humanas muy elementales.
La cerámica vidriada comenzó a fabricarse alrededor del 1500 a.C. Las piezas de mayor calidad no son los objetos de uso doméstico, sino los ladrillos vidriados que se utilizaban como ornamentación arquitectónica, tradición que se remonta al tercer milenio en la localidad de Uruk, donde columnas y nichos estaban cubiertos de mosaicos geométricos hechos con conos de cerámica coloreados semejantes a clavos. Durante el reinado de los casitas en Babilonia (mediados del segundo milenio a.C.) se utilizó la terracota sin vidriar para las fachadas de templos y palacios, y más tarde, en Jorsabad, capital del reino del monarca asirio Sargón II (que reinó entre el 722 y el 705 a.C.), se utilizaron ladrillos vidriados hechos con molde, que representaban procesiones de animales, para decorar la entrada de un templo. Esta tradición alcanzó su apogeo en Babilonia durante el siglo VI a.C., cuando la famosa vía procesional fue cubierta con ladrillos vidriados en los que se tallaron y moldearon más de 700 toros, dragones y leones dentro de una gama cromática que incluye el blanco, el amarillo y el negro sobre fondo azul o azul verdoso. Las paredes de la fachada de la sala del trono estaban decoradas con leones y con columnas coronadas y rodeadas de palmeras y flores de loto.
5.1.2 Egipto
Ya durante el quinto milenio a.C. los alfareros egipcios elaboraban piezas finas, elegantes, de color oscuro y muy pulidas con una delicada decoración de cuerda. Las piezas pintadas del cuarto milenio, con sus figuras geométricas y de animales sobre fondos rojos, amarillos y pardos, no alcanzaron la alta calidad del milenio anterior. El Egipto de las dinastías fue famoso por su loza vidriada (diferente a la que desarrollarían con posterioridad los alfareros europeos), que empezaron a fabricar alrededor del 2000 a.C. y que se caracteriza por el barniz azul o verde oscuro sobre una pasta con gran cantidad de polvo de cuarzo, más cercana al vidrio que a la auténtica cerámica. Los artesanos egipcios realizaron cuentas de loza vidriada, joyas, elegantes vasos, escarabajos y ushabtis (figurillas de sirvientes que eran enterradas con los muertos).
5.2 El Mediterráneo, Grecia y Roma
La cerámica de finales de la edad del bronce (1500-1050 a.C.) y principios de la edad del hierro (1050-750 a.C.) procedente de las islas del Mediterráneo y el Egeo, especialmente de Creta y Chipre, denota una gran imaginación por parte de los artistas, que pintaron en las piezas con dos colores, diseños geométricos, abstractos y figurativos. En algunos casos las formas eran muy imaginativas y sin función aparente y en otros se trata de vasijas muy delicadas destinadas a ungüentos y cosméticos.
5.2.1 Grecia
En la Grecia clásica la elaboración y pintura de la cerámica se consideraba un arte mayor. La gran ductilidad de la arcilla de la zona permitía trabajarla fácilmente al torno y cada una de las distintas piezas tenía un nombre y una función específicos en la vida social y ceremonial griega: las ánforas eran vasijas altas y con dos asas y se utilizaban para guardar vino, trigo, aceite o miel; la hidria era una jarra de tres patas para el agua; el lequito era un frasco para aceite con cuello largo y estrecho, destinado a las ofrendas funerarias; el kylix era una copa con pie y dos asas; la crátera era un cuenco grande en el que se mezclaban agua y vino. La cerámica negra sin decorar se utilizó durante todos los periodos griegos y helenísticos, y sus formas estaban influenciadas por las de la cerámica decorada o las piezas de metal. Los dos tipos influyeron en la cerámica romana.
En la edad del bronce, los griegos ya utilizaban hornos que permitían variar el grado de oxigenación para conseguir una barbotina negra y brillante sobre la pasta de color crema, marrón o naranja. La forma dependía del tipo de arcilla utilizado. Al principio los motivos decorativos eran abstractos, pero a mediados de la edad del bronce se empezaron a utilizar formas estilizadas tomadas de la naturaleza. A finales de esa época en Micenas, los alfareros, influidos en un principio por los cretenses, ya pintaban plantas, animales marinos y fantásticos en vasijas de formas muy logradas. Alrededor del año 1000 a.C. el estilo geométrico de Atenas reemplazaría al de Micenas para decaer en el siglo VI a.C. En el cementerio Dipylon de Atenas se han encontrado grandes cráteras, fechadas alrededor del año 750 a.C., con decoración geométrica y franjas dispuestas horizontalmente con guerreros y figuras procesionales.
Los alfareros del Ática introdujeron las figuras negras a comienzos del siglo VI. Estas figuras se pintaban en negro sobre el fondo rojo de la arcilla pulida. Los detalles se conseguían con líneas incisas sobre el negro y se añadían toques en blanco y rojo purpúreo para las vestimentas y para reproducir el color de la piel. Se continuaron representando procesiones y carros, animales reales y fantásticos (sobre todo en la fase de influencia oriental posterior al periodo geométrico), rodeados por motivos geométricos o vegetales. Esta decoración siempre estaba relacionada con la forma de la vasija y en ella pueden detectarse elementos iconográficos de la mitología griega. A comienzos del siglo VI la decoración se inclinó más por las formas humanas que por las de animales. Temas recurrentes son dioses y hombres realizando diversas actividades, batallas y banquetes; músicos, bodas y otras ceremonias y mujeres jugando o vistiéndose. En algunos casos se añaden los nombres de los héroes o de los hechos. Se utilizaron cada vez con más frecuencia escenas tomadas de la literatura y de la mitología y han podido identificarse los nombres de alfareros y pintores incluso en obras no firmadas.
Las figuras rojas aparecieron alrededor del 530 a.C. y se popularizaron entre el 510 y el 430 a.C. El fondo se rellenaba con pintura negra y las figuras quedaban silueteadas en la superficie roja original del fondo; los detalles de las figuras se pintaban en negro, lo cual permitía al artista una mayor libertad de dibujo. La pintura podía diluirse para conseguir modulaciones cromáticas. Colores secundarios del rojo y blanco se utilizaban muy poco y, a veces, los detalles de metal y joyería estaban hechos con oro. La anatomía fue cobrando realismo y después del 480 a.C. lo hicieron los gestos y las expresiones. Aunque los centros de producción de figuras rojas se hallaban en Atenas y Corinto, este estilo se extendió por todas las islas griegas. Sin embargo, la calidad de estas piezas empezó a decaer hacia el siglo IV a.C. Otro estilo que se dio en Grecia es el del dibujo lineal sobre fondo blanco al que se añadían colores que imitaban los de la pintura monumental, pero se hacía en vasijas que no servían para uso doméstico.
5.2.2 Roma
Los romanos sentían gran admiración por la loza pulida esmaltada en rojo, tal vez como reacción ante la cerámica negra griega y helenística. La técnica del esmaltado rojo se desarrolló en el Mediterráneo oriental a finales de la época helenística y consistía en sumergir la pieza en una suspensión de partículas muy finas de arcilla con alto contenido en sílice (que producía un brillo mayor al pulirse) y cocerla en un horno con mucha oxigenación. Las piezas se hacían con moldes de arcilla cuyas caras estaban estampadas y grabadas con una ruleta perforadora o a mano, con motivos decorativos repetidos o figuras que luego quedaban reproducidas en relieve sobre la superficie de la pieza. De ahí que esta técnica de moldeado y decoración tenga el nombre de terra sigillata (‘tierra estampada’). El término suele aplicarse por extensión a la arcilla en la que se sumergen las vasijas. Muchas de sus formas y diseños estaban inspirados en las obras en metal y cristal tallado. El principal centro de producción de esta cerámica era Arretium (el moderno Arezzo), por lo que la cerámica de calidad producida entre los siglos I a.C. y I d.C. se conoce como ‘arretina’. Muchas zonas del Imperio romano elaboraron cerámica arretina, aunque por lo general la calidad era menor cuanto más lejos de la capital estaban situados los centros productores. A partir del siglo I d.C. la de mejor calidad se produjo en el sur de la Galia.
La cerámica esmaltada en negro de los griegos también se extendió por el Imperio romano. En la provincia romana de Britania era similar a las obras de metal célticas. Algunas veces se perforaba la arcilla para crear un efecto punteado y otras se hacía la decoración con barbotina o pigmentos blancos. Los alfareros romanos también utilizaron el barniz de plomo, procedimiento que les permitía añadir óxidos de metal para obtener diferentes colores. Las piezas vidriadas al plomo fueron las más extendidas en la Europa medieval.
5.3 Cerámica árabe
Los primeros alfareros musulmanes de la época de la dinastía Omeya (661-750 d.C.) heredaron las tradiciones del Oriente Próximo: la de fritura con barniz de cuarzo verde y azul, conocida en Egipto desde la época de los romanos; la de barniz alcalino de Siria, Mesopotamia y Persia, conocida desde la época aqueménida (siglos VI al IV a.C.) y la cerámica de barniz de plomo de los romanos, que continuaron los alfareros bizantinos. Hubo tres oleadas sucesivas de influencia china que provocaron cambios en la cerámica árabe: la de la cerámica Tang entre los siglos IX y XI; la de la cerámica blanca de Song entre los siglos XII y XIV y la de la cerámica azul y blanca de Ming entre los siglos XV y XIX.
5.3.1 Estilos árabes medievales
En el siglo IX los califas de las dinastías Abasíes fomentaron la fabricación de imitaciones de la cerámica Tang con arcillas y barnices de la zona. Muy pronto los alfareros árabes desarrollaron estilos propios: primero hicieron una cerámica sin vidriar, decorada por moldeado, estampado o aplicación de relieves; después, una cerámica con diseños bajo cubierta y cuencos con barniz de plomo en un blanco opaco con flores e inscripciones pintadas y, finalmente, una cerámica lustrada, de reflejo dorado o loza dorada. La loza dorada se obtiene aplicando un barniz al estaño de un blanco opaco que, después de cocido, se pinta con pigmentos metálicos y se vuelve a cocer en un horno con poca oxigenación, lo que otorga a los diseños reflejos dorados de color rojo, bronce, verde lima y amarillo.
Cuando emigraron desde Irak hacia el mundo islámico occidental durante el siglo X, llevaron consigo la técnica de la loza dorada. Al igual que los barnices de estaño, ésta técnica tuvo influencia en Europa a través de la España musulmana. También se popularizó enormemente en el Egipto fatimí y en Persia.
5.3.2 Persia y Turquía
Durante la dinastía Selyúcida, que gobernó Persia, Irak, Asia Menor y Siria en los siglos XII y XIII, se desarrollaron varias técnicas para obtener sucedáneos de la porcelana, y las ciudades persas de Ray y Kasan se convirtieron en centros productores de estas piezas blancas. Otro magnífico ejemplo de la cerámica de la época Selyúcida es la mina’i, con esmalte sobre cubierta, que imita con gran delicadeza los manuscritos miniados. Desde la dominación mongola en el siglo XIII los alfareros de Kasan comenzaron a utilizar barnices verdes, influidos por los celadones chinos. En Persia aparecieron en el siglo IX los barnices azul cobalto, que después dejarían de utilizarse para reaparecer entre los siglos XIV y XVIII ante el auge de los objetos blancos y azules en China y Europa.
Iznik era el centro más importante de la cerámica turca. Las piezas pintadas en barbotina, de influencia persa y afgana, son anteriores a la conquista de la región por los otomanos. Entre 1490 y 1700 se realizaban en Iznik decoraciones pintadas sobre la pasta blanca de suave textura que se cubrían con un fino barniz transparente. En cuanto al color hay tres etapas: la del azul cobalto, la del turquesa y el púrpura y, finalmente, la del rojo.
De la época de la dinastía Safawí es la cerámica Kubachi, contemporánea de la de Iznik, que con toda probabilidad se realizaba en la zona noroeste de Persia y no en la ciudad de Kubachi, que es donde se encontró. Las piezas características son grandes platos policromados, pintados bajo la cubierta resquebrajada. La cerámica Gombroon, que se exportaba desde ese puerto del golfo Pérsico a Europa y el Extremo Oriente en los siglos XVI y XVII, presentaba decoración incisa sobre pasta de loza blanca traslúcida. La cerámica dorada de color cobre de Persia se puso de moda en el siglo XVII, al igual que la policromada.
En general, la cerámica islámica se hacía con moldes. Las formas eran de inspiración china o basadas en piezas metálicas. Además de la loza dorada, la creación musulmana más innovadora es la de la fabricación de azulejos para las mezquitas.
5.4 Europa hasta 1800
Durante el siglo XV el principal dentro de producción de cerámica fue España. Heredera de la tradición musulmana, sirvió como medio de difusión de las técnicas árabes al resto de Europa. Más adelante fueron cobrando importancia otros centros, principalmente Italia, Francia, Bélgica, Alemania y Gran Bretaña.
5.4.1 Cerámica hispanomusulmana y de Talavera
La cerámica con barniz de estaño y la loza dorada de origen islámico se convirtieron en las cerámicas típicas de España desde el siglo XIII hasta el siglo XV.
En el siglo X surgió la primera cerámica vidriada europea con reflejos metálicos, la loza califal en Medinat-al-Zahara (Córdoba), con una decoración en la que se combinaban elementos orientales y autóctonos. A finales de este siglo se empezó a utilizar la técnica de cuerda seca, que consiste en perfilar los contornos del dibujo con una mezcla de grasa y manganeso, y así impedir que se mezclen los barnices de distintos colores. En el siglo XII aparece otro tipo de cerámica con una decoración esgrafiada sobre negro. Los principales centros de producción se localizan en Córdoba, Sevilla, Almería, Granada, Málaga, Murcia, Toledo, Valencia y Zaragoza. La culminación de la cerámica hispanomusulmana son las suntuosas piezas de reflejo metálico del reino de Granada.
La fama de la calidad de la cerámica hispanomusulmana, llamada también hispanomorisca, se extiende sobre todo a partir de los talleres de Málaga y de la localidad valenciana de Manises. En estos últimos se produce una cerámica más fina y unas composiciones más equilibradas. Hay que destacar también los centros de Palencia, Teruel (más popular) y Muel (Aragón). Las piezas hispanomoriscas que se hacían en Manises, se exportaban desde Mallorca y eso fue lo que hizo que los ceramistas italianos del renacimiento la denominaran mayólica.
Hasta el renacimiento la cerámica española continuó siendo de inspiración morisca, pero a partir del siglo XV empezó a instaurarse un gusto por lo italiano y más tarde por lo francés. Surge entonces la cerámica más característica de este periodo, que es la que se hace en Talavera, dedicada principalmente a los azulejos y zócalos y la del barrio sevillano de Triana, donde se fabricó el retablillo de la capilla del Alcázar de Sevilla, obra de Nicola Pisano. En el siglo XVI la cerámica de Talavera pierde parte de la gracia y espontaneidad que la caracterizaban, aumentan los temas realistas y el número de colores. Hay que destacar también en este periodo la cerámica vidriada que se produce en Cataluña famosa sobre todo por sus botes de farmacia.
5.4.2 Mayólica, Fayenza y Delft
En la mayólica, la pintura sobre barniz blanco dejó paso al amarillo, naranja, verde, turquesa, azul, marrón purpúreo y negro. Normalmente se añadía un barniz transparente sobre cubierta y la decoración podía ser incisa o moldeada en relieve. La mayólica realizada en Italia en los siglos XV y XVI tenía poco parecido con la española de la que había tomado el nombre. A partir de 1600 se denominó fayenza (del francés faïence) a una variante francesa de esta cerámica con barniz de estaño, así como a la cerámica que se producía en los siglos XVI y XVII en Francia y Bélgica con influencia de la mayólica. En Alemania, donde floreció hasta el siglo XVIII, también se conoce con el nombre de fayence. Cuando el centro de su fabricación se trasladó de Amberes a Delft a mediados del siglo XVII, comenzó a usarse la denominación de Delft incluso para la versión inglesa. La cerámica de Delft inglesa se hizo en Londres, Liverpool, Bristol y Dublín hasta que fue reemplazada en la década de 1770 por la loza fina.
Las piezas con barniz de estaño continuaron haciéndose en Europa hasta comienzos del siglo XIX. Se tomaba la pieza en su estado biscuit y se sumergía en un barniz con base de plomo al que se le añadía óxido de estaño (que blanqueaba y daba opacidad), lo cual producía un blanco muy denso que ocultaba totalmente el color de la pasta de arcilla, proporcionando una superficie en la que podía pintarse cualquier color vidriado a las temperaturas entre moderadas y altas que requiere la loza. En la loza dorada que se hacía en España se utilizaba oro y plata, que se aplicaban sobre el barniz ya cocido y se sometían a una segunda cocción a baja temperatura y con una combustión pobre en oxígeno. En el siglo XVIII, sobre el barniz de estaño ya cocido se aplicaba esmalte y se volvía a cocer la pieza en un horno de mufla. En este siglo comienza en España el declive de la cerámica de Talavera y adquiere una gran fama el centro de Alcora (Valencia) que produce una cerámica de estilo afrancesado, muy bella y refinada.
Los esfuerzos por imitar la porcelana Ming, que había inundado los mercados europeos durante la primera mitad del siglo XVII, dieron paso a la edad de oro de la cerámica de Delft (1630-1700). Las piezas se hicieron más finas y la decoración más delicada. Se introdujo la ornamentación con líneas de color púrpura de manganeso sobre la arcilla antes de que alcanzara el estado biscuit, a continuación se aplicaba un azul bajo cubierta y finalmente un barniz de plomo y estaño. Delft fabricó azulejos, platos, jarras y jarrones y sus piezas características fueron imitadas incluso por los chinos.
5.4.3 Gres y loza con vidriado de plomo
El gres europeo se desarrolló en Alemania a finales del siglo XIV. Llevaba un barniz a la sal (un álcali). Durante la cocción se echaba en el horno sal común y el sodio de la sal formaba una capa vidriada sobre la superficie de la pieza. Las piezas de Hafner, loza con vidriado de plomo, tuvieron mucho éxito en los siglos XVI y XVII. Se trataba de vasijas que imitaban las jarras de metal y las de cerveza. La loza tradicional inglesa estaba decorada con barbotina y vidriado de plomo, al igual que la cerámica que utilizaban los campesinos europeos y que la introdujeron en América.
El gres inglés no comenzó a fabricarse a gran escala hasta finales del siglo XVII. Las mejores piezas en gres con barniz a la sal de color blanco de Staffordshire se realizaron entre 1720 y 1760. En este año también se hizo loza fina con vidriado de plomo de gran difusión, fabricada con arcilla blanca de Devonshire mezclada con pedernal calcinado. En 1754 el ceramista inglés Josiah Wedgwood comenzó a realizar experimentos con loza fina coloreada. Aunque abrió una fábrica propia, trabajó a menudo con otros ceramistas que hacían decoración calcada, introducida en la década de 1750 por la Worcester Porcelain Company. También produjo gres rojo y objetos en basalto, un gres negro sin vitrificar, y jaspes hechos con un gres blanco coloreado por adición de óxidos metálicos. Los jaspes solían estar decorados con retratos en relieve de color blanco o con escenas tomadas de la Grecia clásica. Sin embargo, la mayor contribución de Wegdwood a la cerámica europea fue la loza perlada, una loza fina con reflejos azul pálido en su vitrificado.
5.5 Siglos XIX y XX
Durante el siglo XIX se popularizaron en Inglaterra y en el continente europeo los objetos con decoración calcada producidos en serie a bajo precio al igual que los que llevaban decoración en relieve. Esos objetos, junto con las piezas vidriadas en pardo de manganeso de Rockingham fabricadas en Inglaterra a comienzos del siglo XIX, se extendieron a Estados Unidos, donde se hicieron tan populares como la cerámica de Nueva Jersey y Ohio. Los objetos producidos en serie fueron desplazando poco a poco a la cerámica popular estadounidense, que era de un gres fuerte con barniz a la sal. En España durante el siglo XIX se produce una cerámica que también recurre a las imitaciones de temas antiguos y mitológicos. Destacan la fábrica del Buen Retiro en Madrid, la de Sargadelos en Galicia, fundada en 1791, que produjo loza fina estampada y porcelana de una gran calidad, así como La Cartuja de Sevilla, que bajo la dirección de maestros ingleses también se especializó en la producción de loza estampada.
La cerámica industrial posterior a 1860 era de una gran calidad. El Art Nouveau, la Exposición Universal de París de 1900 y la Bauhaus durante la década de 1920 ejercieron una gran influencia en el diseño de la cerámica industrial.
El ceramista artesano con su creación individual ha sido igual de importante para la historia de la cerámica moderna que el ceramista industrial. El movimiento Arts & Crafts inglés ejerció gran influencia a partir de 1861, al igual que el gres vitrificado a la sal de las fábricas Doulton de Lambeth a partir de 1871. Algunos de los ceramistas más famosos de la época moderna son el británico Bernard Lecah, formado en Japón y el español J. Llorens Artigas, que despojó al gres de toda decoración. Junto al pintor Joan Miró realizó los murales cerámicos para la sede de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en París y para la Universidad de Harvard. Las producciones más recientes se caracterizan por la primacía de la forma y de la materia, inspiradas en el arte popular.
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